Sunday, February 18, 2007

DESPUÉS DEL RECESO...

AMANECER

IGOR NAVARRO

Juan Ortega miró las ronchas de sus manos. Sintió pena por su existencia mientras sostuvo la bandeja con el maíz pilado. Se atrevió a contemplar su sombra para ver en su silueta aquel relleno negro libre de malformaciones. Por un momento suspiró aliviado. No obstante, el vil recuerdo de sus cicatrices volvió para condenarlo a la infelicidad.

Gotas caen del techo de zinc que cubre el corredor. Esa suerte de construcción casi rupestre comienza a torturar la paciencia de Aleja. Las láminas no tardarán en venirse abajo – piensa, cuando corta los racimos de topocho que yacen de las plantaciones traseras.

Mary Pili aparece de nuevo en los sueños de Carlos. El chubasco mañanero le ha despertado con la resaca de la noche anterior. Maldice el sonido de las gotas, el tararear de de las guacharacas, el berrinche de los loros mojados y la algarabía de las gallinas que se aglomeran para probar el maíz recién servido en las bandejas.

Han pasado ya dos años desde que Pacheco se fue y Zuleima aún resiente la traición. No se identifica con la cara del hombre que, ahora, amanece a su lado cada mañana. Siente en sus tetas la temperatura febril del recién nacido postrado en sus brazos. Ni los lácteos de su cuerpo han permitido alterar el aspecto famélico de la criatura. Se estremece ante un fuerte ronquido que Ramón echa al aire cuando cambia de postura entre las sábanas.

Es la mañana del sábado. Marzo está en su etapa cumbre. Los Ortega amalgaman sus desdichas mojando las conchitas de la arepa en un tazón de suero con queso. Tragan grandes pedazos con resignación. Disimulan con risas su dolor. Cubren con parches fantásticos las filtraciones. Usan la imaginación para pintar un corredor lleno de helechos. Deducen que, como siempre, la semana termina pero el olor a bosta y la fetidez de las penas continúa.

Tuesday, January 02, 2007

RECOMENDACIÓN

Igor Navarro
Debo reconocer que el hermano país no dejó su brillo literario en el pasado. Por el contrario, la nueva generación de escritores colombianos me ha conmovido con sus últimas publicaciones. Recientemente he indagado en los escritos de Santiago Gamboa, gracias a los cuales, confieso, he ganado gratos momentos de entretenimiento.

Les hablo del libro “El Síndrome de Ulises” y, aunque no pretendo ser un crítico estéril que juzgue los mejores coitos literarios de terceros, sí puedo relatar mi experiencia personal: es una redacción fresca que, aún siendo escrita a través de párrafos largos, logra conquistar especial interés a través de momentos de tensión y humor. Mis más sinceras recomendaciones en torno a esta novela que lleva ya cinco ediciones bajo la casa editorial Seix Barral.

ENERO 2007

Friday, October 13, 2006

Thursday, October 12, 2006

NARRATIVA BREVE




EL ESPECTRO
Por Murray

Se cerró de golpe la ventana. Ni tiempo me dio de buscar culpables. Simplemente clausuró la entrada de luz, cuando con un sonido brusco indicó la presencia de algún espectro. Mis ojos anhelaron por segundos la claridad. El entorno oscuro que en la cocina reinaba invadió con su silencio mis pensamientos. Yo comía yogurt con cereales, de ésos que abundan en los supermercados y resuelven a cualquier inexperto en materia gastronómica.

Creo que el espectro reposa en la sala. Antonio me lo advirtió en su última visita. Tu casa está llena de ánimas, dijo sigiloso. Desde el comedor mastico las pasitas del cereal mientras contemplo cómo se hunde lentamente el mueble de la sala. Está cómodo, de eso no hay duda. Siempre me he preguntado cuál es su sexo. También me inquieta el porqué le gusta tanto la oscuridad. Algunos hechos aislados me van suministrando pistas, pero siempre la duda retorna como boomerang.

Debo admitir que esa suerte de fantasma, tiene un carácter bien jocoso. Cuando tomo un libro para opacar al tedio de la tarde, le gusta soplar de cerca las páginas. De manera tal, que finalizar un párrafo es una labor eterna cuando a mi lado se sienta y comienza a silbar remolinos con su aliento de muerto. Ya le he perdido el miedo. Al principio mi piel se erizaba al ver cómo mi perro ladraba por horas a la nada. Luego, terminé por resignarme a su presencia. Quién sabe cuál dolor estará penando él o ella por mis cuatro paredes. Siempre le convoco a una conversa. De esa figura transparente cuya presencia evidencio con los ruidos de los objetos que mueve, me gustaría saber muchas cosas. Dónde nació, si tuvo familia, cuál es su edad, cómo murió; en fin, algo interesante ha de tener que contar, sobre todo si nació en Perú como deduzco porque siempre toca una armónica indígena que mi tío trajo de Machu Pichu.

Apoyado en el marco se encuentra. Todo fantasma detesta la soledad, por eso supongo que me persigue. También lo hace con mi perro que clava sus ojos saltones como si lograra descifrar, con su vista, la forma y los colores que envuelven a ese ser misterioso. Yo, por mi parte, vacío los últimos litros de yogurt que hay en mi nevera y pienso con cuál ingrediente podré suplantar el cereal que mi padre acabó durante su desayuno.

Wednesday, October 11, 2006

PORTADA

DESPUÉS DE LA AUSENCIA


DE CÓMO CONOCÍ A
MARILYN MONROE
Por Murray
La deyección de un perro desvió mi atención. Ahí, sentado en un banco, a veces el mundo resulta utópico: los canes flotando sobre la grama, los niños volando en los toboganes, los novios enunciando canciones y las hojas nadando en el viento. Resulta fácil escribir mil cuentos. Cientos de protagonistas aparecen en el panorama: la anciana mendiga, los vendedores de golosinas, Catalina sentada en la caja de arena, Julián pisando los charcos, el gato que se ríe sobre el tejado de la casona y unos cuantos personajes que hacen su vida en la vereda del parque.

Katiuska mordió mis pantalones de jeans. Se aferró a ellos con la fuerza de quien clama atención. Es algo juguetona, expresó un mendigo que apareció de la nada. Luego de excusarse por el incidente, se sentó a mi lado suspirando el cansancio de la larga subida que conduce al parque. Con el acento formal de quien indudablemente tuvo una mejor vida, se dirigió a mí para pedirme unas monedas. Curiosamente no percibí el aura, que en torno a él giraba, como un ambiente hostil, por el contrario, hasta Katiuska tenía ínfulas de perro fino. Sus manchas color marrón evidenciaban el paso de una raza federada durante su concepción. Sólo contrastaba con tal hecho, el mecate que alrededor de su cuello sostenía un cartel de cartón con su nombre tallado en puntitos.

Andrés Camilo pasea frecuentemente por ese parque. Está consciente de lo saludable del trote y otros ejercicios cardiovasculares, aunque a veces se queja de las fisuras que el frío suele dejar en sus labios. Su mejor compra, según comenta, es el abrigo de lana que le cubre hasta las rodillas y que ha sido capaz de resguardarlo durante quince años sin perder lucidez y brillo. Se siente satisfecho de haber creado una moda entre su gremio. Todo empezó cuando para hacer un suéter que exaltara a Katiuska durante la navidad del 2003, cortó un trozo de los hombros de su sobretodo para confeccionar la pieza. Al parecer causó impacto, porque a la semana siguiente era común ver a más de un personaje del centro de la ciudad deambulando con sus hombros al aire.

Algunos niños se acercaron para acariciar a la perra. Ya lo decía Camilo, ese animal es la reencarnación de Marilyn Monroe. Presume de su belleza y no escatima esfuerzos hasta llamar la atención de los espectadores del lugar donde se encuentre. Parece que Katiuska es una artista, pensé. El mendigo tal vez sea su representante o manager, el que cobra el dinero mientras los demás observan sus piruetas.

El gato que reía sobre el tejado, ahora parece más bien furioso. Su cabeza luce mojada por algunas gotas que cayeron de un árbol centenario. Mira con celos la atención que reciben Katiuska y el mendigo, mientras mueve su larga y densa cola al caminar por las tejas. El hombre sin hombros me trajo nuevamente a la escena que frente a mí se suscitaba con un dedazo sobre la frente. Los niños tiraban cotufas, chocolates y caramelos a la perra que ya parecía algo sofocada por su público.

Luego de soltar las monedas en su mano, di unas palmadas en su espalda en señal de afecto. Justo en ese momento, Laura hizo señas, desde la cafetería, para recordarme que se hacía tarde para partir al terminal. Me llevé el rocío que esa mañana dejo sobre mi cara. Tomé el bolso de mi compañera, también el de otra amiga. A veces la cortesía es pesada. De vuelta a casa, privó en mis pensamientos aquel paisaje fantasioso del parque de la calle 86.

Tuesday, August 08, 2006

VIVENCIAS...



TRÁNSITO

"A ti, que aún esperas la llegada del tiempo que borre tus heridas, os dedico este escrito que me ha salido, más que del alma, de las vivencias"

Bajo el puente vi caer las gotas
perfumé el viento con tu aroma,
sentí el peso de la noche con sus luces dispersas.
Bajo el puente miré aquel motel:
amantes furtivos que esconden el placer entre sus muslos carnosos.
A lo lejos, bajo el puente, recordé tus manos
también tus pies vinieron a mí
con sus dedos amorfos y sus lunares benditos.
Bajo el puente olvidé que te amaba
justo cuando el semáforo pasó de rojo a verde
Y mi tránsito moribundo
continúo por la avenida.

IGOR NAVARRO

Sunday, July 30, 2006

FRAGMENTO

MAL

"...Me muevo. Uno, dos, tres pasos. Nadie puede negar que avancé un poco. Se pueden ver mis huellas en el suelo, pero amanezco en el mismo sitio. ¿No me desplacé? Es cierto - verifico las marcas - que ayer no estaba donde ahora estoy, pero algo me dice que no me he movido. No sé qué significa desplazarse..."

Memorial
Rafael Cadenas
Monte Ávila Editores

UN MES MÁS...

NOTA EDITORIAL


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